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La Ruta del Cafe.-Veracruz

Actualizado: 10 mar 2020

Según los registros históricos, se cree que el café llegó a México a finales del siglo XVIII. Veracruz se ostenta como el lugar al que arribó primero el cafeto, aquel que provenía de Cuba. El que llegó a Michoacán provenía del puerto de Moka, en Yemen, mientras que el que se introdujo a Chiapas venía del territorio vecino de Guatemala.

Al café le tomó algún tiempo meterse a las casas de los ya llamados mexicanos, pues tenían más arraigo por bebidas como el chocolate. Pero cuando por fin se estableció, lo hizo por todo lo ancho. Para finales del siglo XIX las cafeterías señoriales del Centro Histórico de la Ciudad de México comenzarían a convertirse en en escenarios donde, a sorbos, se tejería la historia de una nación que comenzaba a arañar la modernidad.


El café que llegó a Veracruz se asentó en la ciudad de Córdoba y sus alrededores, donde florecieron las fincas dedicadas a su cultivo. En el municipio de Coatepec, muy cerca de Córdoba.


¿Qué hay detrás de una taza de café? Además de generar placer por sus propiedades organolépticas, activarte y beneficiar al organismo, su producción es un arte que todo cafetero de corazón debe experimentar.


Para esto hay que recorrer la zona montañosa de Veracruz en busca de los aromas y sabores que provee un buen café. La Ruta del Café te ofrece ser parte del proceso –desde colaborar en la pizca hasta tostar los granos–, además de aprender a catarlo, deleitarte con productos derivados y adquirir curiosas artesanías hechas con este grano. Por supuesto, la comida regional y el arte popular coronarán esta experiencia sensorial.


Entre parajes frondosos, llegarás hasta las haciendas cafetaleras como la de Guadalupe, en Amatlán de los Reyes, en donde se cree que fue plantada la primera mata del aromático grano en este país, o al Beneficio de San Bartolo, una pequeña comunidad cobijada por verdes montañas con tan solo 72 habitantes.

Adéntrate al mundo del café, o como mejor lo llaman los poetas, “el néctar negro de los sueños blancos”, producto de consumo que actualmente es el más comercializado del mundo, superado solo por el petróleo.


La primera parada de esta ruta aromática es el recientemente nombrado Pueblo Mágico de Orizaba. Un paseo de ocho minutos arriba de su teleférico –el tercero más largo y el segundo más alto de México–, te colocará en la cima del histórico Cerro del Borrego, que brinda una bella panorámica.

Las ruinas de un antiguo fuerte y su pequeño museo dan cuenta de la batalla que se realizó ahí entre el Ejército Mexicano y el francés en 1862. Al bajar, el Palacio de Hierro, catalogado como uno de los máximos exponentes de art nouveau en el país, te espera para contarte la historia que hay detrás de su estructura metálica. Diseñado por el ingeniero francés Gustave Eiffel, fue traído en 1891 desde Europa en diversos bloques de hierro para ser ensamblados ahí mismo e inaugurarse en 1894 como Palacio Municipal; actualmente es un museo.



Tras recorrer este peculiar y bello edificio es tiempo de ir directo al grano. De Orizaba te trasladarás a Córdoba, lugar por donde se introdujo el café al país en 1796, procedente de Cuba. El primer sorbo a esta bebida la darás en la cafetería Calufe, una empresa familiar con más de 30 años de historia que te adentrará al mundo del café a través de una sesión con vistosos procedimientos, que ocupan instrumentos parecidos a los de un laboratorio para preparar infusiones y tratar de recuperar la mayor cantidad de sabores y propiedades del grano.


Al dirigirse hacia la región de las Altas Montañas, específicamente a San Bartolo, una comunidad de tan solo 72 personas. Son 22 familias en total dedicadas al cultivo, cosecha y transformación del café, cuyo cultivo tarda de cuatro a cinco años en generar su fruto. Los habitantes te contarán el proceso mientras caminas entre los cafetales; notarás que cada pizcador recolecta la llamada cereza de manera manual, una por una. Después, se despulpa y pasa al secado, que tarda cinco días, hasta obtener el café pergamino, que contiene solo 12% de humedad y se puede guardar seco durante semanas sin deterioro de su calidad. El recorrido finalizará con una taza de café humeante y unas galletitas de café y mantequilla que previamente habrás preparado.



Al caer la tarde, en Amatlán de los Reyes explorarás la Hacienda de Guadalupe que data del año 1600 y que actualmente tiene 60 hectáreas que resguardan cultivos de mango, plátano y café, entre otros. Se dice que aquí fue plantada la primera mata del aromático grano en México, proveniente de las semillas que introdujo el entonces dueño, el español Juan Antonio de Guevara en 1796, traídas desde Cuba.


A través de un tour guiado por la hacienda, que además es un punto clave en la historia de la esclavitud en México, conocerás los plantíos y sus procedimientos, así como las variedades de granos. Una tertulia con bocadillos, café y el sonar del piano enmarcará esta experiencia que, sorbo a sorbo, te hará disfrutar más este brebaje.


Para cerrar esta ruta, alístate para subir muy temprano al Pico de Orizaba, la elevación más alta del país con 5,747 metros sobre el nivel del mar… Pero no te asustes, lo harás a bordo de una camioneta. Empaca un termo con café y no olvides una bolsa de dulces. Recorrerás parte de la sierra de Veracruz, pasando por las comunidades de Coscomatepec y Cacahuatepec, mientras subes para llegar al volcán.


Te encontrarás con muchos niños que salen de sus casas al pie de la carretera para gritar: ¡dulces! Los alpinistas suelen llevar y de regreso regalan algunos. Con esta hermosa postal del Pico de Orizaba, las caritas felices de los niños al recibir dulces y el fascinante café veracruzano, cerrarás esta aventura aromática que hará que el café se convierta en un ritual, más que una rutina, por la mañana.


Fuente Food and Travel México